La RAE define “trampantojo” como “trampa o ilusión con la que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es”. En ese sentido, Poder Inquilino[1] es un trampantojo, donde el uso de cierta retórica y ciertos términos trata de generar una ilusión de radicalidad que oculte el reformismo de sus propuestas y horizontes. “Reformismo” es uno de esos términos manoseados que, a fuerza de usarse más como insulto que como concepto descriptivo con un significado preciso, en ocasiones genera un rechazo inmediato. Si no hubiese razones de peso para ello, quizá sería más prudente no usarlo. Por desgracia, las hay. El objetivo de este artículo es precisamente exponerlas, tratando de demostrar una afirmación tan contundente con el rigor adecuado. Pero antes de entrar de lleno en ello, como quizá no todo el mundo que lea este artículo ha leído el libro, un poco de contexto.
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